Música y drogas: El BPM de la química

La evolución de la música electrónica en relación con el uso de sustancias psicoactivas

La evolución de la música electrónica en relación con el uso de sustancias psicoactivas

La noticia explora la relación histórica entre el uso de sustancias psicoactivas y la evolución de géneros musicales electrónicos. Analiza cómo el LSD en los años 60 impulsó la creación de canciones psicodélicas más largas y complejas, como las de Pink Floyd o Grateful Dead, que imitaban las alucinaciones provocadas por la droga. En los años 90, el MDMA (éxtasis) favoreció el surgimiento del house y techno con BPM entre 120 y 135, diseñados para sincronizar los latidos cardíacos de las personas en estado de felicidad colectiva. Posteriormente, el trip hop de mediados de los 90, con BPM entre 70 y 80, reflejó el uso de ketamina y la disociación que seguía a las sesiones de baile intensas. En la actualidad, el hard techno con BPM superiores a 145 refleja el uso de sustancias como la mefedrona o la metanfetamina, que buscan la resistencia y la disociación en lugar de la conexión social. El autor propone un retorno a artistas como Radiohead, que abordan la fragilidad humana sin recurrir a la anestesia industrial de la música actual. La noticia también promociona una novela titulada ‘Dolor magenta’, en la que la música se utiliza como personaje para explorar la violencia que deshumaniza. El artículo concluye con consejos para artistas sobre cómo alinear su branding con el sonido que representan, destacando la importancia de la repetición como herramienta de hipnosis y la coherencia entre la música y su estética visual.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *