‘Muerte a Spotify’: el movimiento DIY para que artistas y fans abandonen la app de música

Artistas y fans impulsan boicots contra Spotify por pagos injustos y algoritmos
Foto: theguardian.com

Artistas y fans impulsan boicots contra Spotify por pagos injustos y algoritmos

En los últimos meses, ha surgido un movimiento creciente contra Spotify, impulsado por músicos independientes y oyentes que critican las prácticas de la plataforma de streaming. En Oakland, California, se organizaron charlas tituladas ‘Muerte a Spotify’ en la biblioteca Bathers, donde se debatió sobre la descentralización de la música fuera de economías capitalistas. Estas sesiones, que incluyeron a representantes de emisoras independientes y sellos discográficos, se agotaron rápidamente y generaron interés internacional, con solicitudes desde Barcelona y Bengaluru para replicar eventos similares. El descontento se centra en los pagos irrisorios a los artistas, que se reducen aún más si aceptan el modo Discovery, favoreciendo música anodina. Además, el cofundador Daniel Ek ha invertido en Helsing, una empresa de IA para tecnología militar, lo que ha llevado a bandas como Massive Attack, King Gizzard & the Lizard Wizard, Deerhoof y Hotline TNT a retirar su música de la plataforma. Aunque Spotify aclara que son empresas separadas, el boicot se ha intensificado. Organizadoras como Stephanie Dukich y Manasa Karthikeyan promueven un cambio en el consumo musical, rechazando la escucha algorítmica y el robo de royalties. Artistas famosos como Taylor Swift, Thom Yorke, Neil Young y Joni Mitchell han boicoteado temporalmente en el pasado, pero regresaron. Sin embargo, expertos como Eric Drott señalan que esta ola actual, liderada por artistas menos famosos, podría ser más duradera, ya que cuestionan el valor de la visibilidad en un mercado saturado. Bandas como Hotline TNT y Caroline Rose experimentan con ventas directas en Bandcamp o ediciones limitadas en vinilo y YouTube. La Unión de Músicos y Trabajadores Afines (UMAW) apoya estas acciones, pero enfatiza la necesidad de esfuerzos colectivos, como campañas contra patrocinios militares en festivales o proyectos de ley para regular pagos. El objetivo no es necesariamente cerrar Spotify, sino fomentar una reflexión sobre el consumo cultural y evitar la uniformidad algorítmica que aplana la diversidad musical.

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